En clave nacional

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Durante los años ochenta y noventa existía un debate sobre la dispersión del poder nacional: hacia arriba (globalización y Europa), hacia abajo (Gobiernos regionales) y también hacia fuera como consecuencia de la privatización y la externalización de los servicios públicos. Varias décadas después, las consecuencias de la Gran Recesión han propiciado la reafirmación de los Gobiernos nacionales de distintas maneras.

Una es la emergencia de un discurso populista que proclama el proteccionismo económico de los Estados, el cierre de las fronteras nacionales y la resistencia frente a la injerencia de la Unión Europea. La segunda resulta de la centralización del poder fiscal dentro de los Estados como medida para resolver la crisis financiera. Por último, se ha producido una nacionalización del debate público. La crisis ha puesto el foco en los Gobiernos centrales: en la austeridad que han aplicado; en sus impulsos reformistas; en el frecuente descalabro de los partidos gobernantes; en la transformación de los Parlamentos nacionales tras el hundimiento de los partidos tradicionales y la emergencia de la derecha radical populista.

En España, la situación es parecida. El Gobierno central ha ganado control de la financiación autonómica como medida para abordar la crisis financiera, estableciendo techos de déficit para cada región así como rescates condicionados mediante el Fondo de Liquidez Autonómica. La discusión pública tras la crisis pivota intensamente sobre la política nacional, sus partidos y las vicisitudes del Ejecutivo central, incluso en aquellos asuntos con una dimensión territorial, como la crisis catalana. Y la mayoría de Gobiernos autónomos están ausentes del debate. Quizás ello explique por qué la visión de la opinión pública de la gestión se ha centralizado en los últimos años: hoy son más los que creen que el Gobierno central es el principal responsable de los resultados de las políticas públicas, incluso en las áreas que son competencia de las comunidades autónomas.

La nacionalización del debate público plantea la cuestión sobre cuánto habrá de realmente autonómico en las próximas elecciones autonómicas. Estas elecciones nunca son independientes de lo que pasa en la arena nacional. Pero si esta vez se convierten en un mero termómetro de evaluación del Gobierno de Sánchez, la rendición de cuentas de la política regional se debilitará. @sandraleon_

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Fuente: El país

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