Por un nuevo referéndum

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En los años ochenta hubo una serie británica de televisión titulada Auf Wiedersehen, Pet, que mostraba las vidas de siete hombres británicos que, con el altísimo paro y las escasas perspectivas de empleo que había en su país, se marchaban a Alemania Occidental para buscar trabajo en el sector de la construcción.

En los años transcurridos desde entonces, la libertad de circulación ha hecho que a la gente le sea mucho más fácil vivir, trabajar y viajar en la Unión Europea.

El hecho de que los firmantes nos dediquemos a la industria del espectáculo significa que tenemos que viajar con frecuencia a trabajar en otras partes de Europa. Desde hace casi 30 años, la libertad de circulación ha facilitado enormemente nuestras vidas y nuestro trabajo.

Y no somos los únicos: más de un millón de británicos viven en la actualidad en otros países europeos, donde muchos de ellos han creado empresas, se han casado y han formado familias.

Sin embargo, si salen adelante las propuestas de Theresa May para el Brexit, la posibilidad de hacer esas cosas va a desaparecer. Las futuras generaciones de británicos, que, en muchos casos, no pudieron votar en el referéndum de 2016, perderán unos derechos que nuestras generaciones sí han tenido.

Ahora les corresponde a los políticos elegidos como representantes en el Parlamento rechazar este terrible acuerdo sobre la salida de la UE

Reino Unido corre peligro de encerrarse en su caparazón frente a la comunidad internacional, y todo porque a la gente se le mintió en 2016. Los partidarios de la salida prometieron que la gente seguiría disfrutando “exactamente de las mismas ventajas”, mientras que “recuperaría el control”. Pero el acuerdo de Theresa May sobre el Brexit demuestra que esas promesas se han roto.

Reino Unido ha aceptado pagar 50.000 millones de libras por el divorcio, pero ¿para qué? A cambio no vamos a obtener nada. Por el contrario, perderemos todos los derechos que disfrutábamos como miembros de la UE y tendremos menos comercio, menos oportunidades y peor nivel de vida.

Los británicos van a perder el derecho a vivir, trabajar y estudiar sin necesidad de visado en cualquier país de Europa. Y después de sufrir la que sería la mayor pérdida de soberanía y control de la historia británica, seguiremos rigiéndonos por las normas de la UE, pero sin poder intervenir en su elaboración.

Miles y miles de empresas británicas, la mayoría de las cuales dependen de la capacidad de comerciar libremente con la UE, de las importaciones y exportaciones con los miembros de la Unión, se enfrentan hoy a la incertidumbre. El acuerdo sobre el Brexit promete comercio “sin fricciones” solo para los dos próximos años, pero no da ninguna garantía sobre lo que pueda ocurrir después.

Cada vez son más los trabajadores de Reino Unido que ven amenazados sus puestos de trabajo. Muchas empresas están cerrando fábricas o deciden no invertir porque no pueden estar seguros sobre qué sucederá a largo plazo.

Y los hogares de todo Reino Unido están encontrándose ya con unos gastos domésticos más elevados por la pérdida de valor de la libra. Millones de libras que deberían llegar de la UE en el futuro —para investigación, para ciencia, para las artes— están en peligro.

El propio Gobierno ha reconocido que el acuerdo sobre el Brexit perjudicará gravemente la economía británica. Dominic Raab, el ministro que, en teoría, estaba encargado de negociar el Brexit, ha dicho que este acuerdo es peor que permanecer en la UE.

Las encuestas de opinión muestran, una y otra vez, en casi todas las circunscripciones de Reino Unido, una clara mayoría de electores que quiere decidir sobre el Brexit, con una votación popular, y una clara mayoría de electores que hoy votaría a favor de seguir formando parte de la UE.

En octubre, 700.000 personas procedentes de todo Reino Unido se concentraron en el centro de Londres para reclamar su derecho a tener la última palabra sobre el Brexit, un voto popular.

Ahora les corresponde a los políticos elegidos como representantes en el Parlamento rechazar este terrible acuerdo sobre el Brexit y dar esa última palabra al pueblo británico.

Si tienen el valor de hacerlo, entonces pedimos a su país, a toda la Unión Europea, que conceda a Reino Unido el margen de tiempo necesario para celebrar una consulta popular y reconsiderar el Brexit. Está en juego el futuro de mucha gente.

Armando Ianucci es escritor y director, Gary Lineker es presentador de televisión y antiguo futbolista, Natascha McElhone es actriz, Ian McEwan es novelista y sir Patrick Stewart es actor.
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

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Fuente: El país

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