Puigdemont dice que estará cinco años en el exilio y apela a la Corte Europea de Derechos Humanos

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Carles Puigdemont, expresidente de la Generalitat, apeló en la noche de este martes en Ámsterdam a «los ciudadanos europeos» para que apoyen el independentismo porque «no se trata de un movimiento étnico o identitario, sino radicalmente democrático». Recibido al grito de «libertad, libertad» en el Teatro Municipal de Ámsterdam por un nutrido grupo de simpatizantes, Puigdemont aseguró que «el conflicto secular que enfrenta al Estado español y Cataluña se resolverá votando». En la despedida, y entre grandes aplausos y gritos de «president, president«, Puigdemont se permitió un comentario personal: «Cada mañana, me digo: ‘este es el último día del exilio». A continuación auguró que lo más probable es que esté «unos cinco años exiliado». «Será hasta que la Corte Europea de Derechos Humanos resuelva esta situación. Cuando los presos políticos vuelvan a casa. Porque respetamos más el imperio de la ley europea que el imperio de la ley española». El teatro le despidió puesto en pie.

El expresidente catalán dijo que está dispuesto a pactar un nuevo referéndum porque «la unidad de España es respetable, pero no sagrada; es una convención que puede cambiarse», dijo. El político hizo estas declaraciones en una velada titulada El signo de los tiempos, loco de rabia, que incluyó fragmentos de Egmont, la tragedia de Goethe sobre el héroe nacional flamenco, condenado a muerte y decapitado por traición por orden del duque de Alba en 1568, al principio de la Guerra de los 80 Años (Guerra de Flandes). Puigdemont se presentó como el líder en el exilio de un pueblo «que ha sufrido la ira del Estado español y de un populismo que es culpa de los políticos, los jueces, los militantes de extrema derecha que quitan los lazos amarillos». «Ahí hay ira, no en el movimiento independentista», aseguró. De Balie, el centro cultural de debate de Ámsterdam que organizó la cita, invitó al expresidente catalán a que se expresara en su lengua con la ayuda de una traductora al neerlandés.

Yoeri Albrecht, el director de De Balie, hilvanó una serie de preguntas en una entrevista en la que Puigdemont, visiblemente relajado, afirmó que «el pueblo de Cataluña ha sufrido la represión del Estado español, y los ciudadanos temen ser reprimidos por mostrar sus ideas». Sus palabras fueron punteadas por el aplauso de una parte del público que desplegó varias esteladas en los balcones del teatro. Otros asistentes lanzaron suspiros de incredulidad, y algunos abandonaron la sala en desacuerdo con lo que oían.

Puigdemont trató de disipar cualquier duda sobre el carácter de la república catalana a la que aspira. «Nadie sería ciudadano de segunda porque Cataluña es una comunidad diversa. Los militantes de Ciudadanos se pueden sentir tan en casa como el resto de los habitantes, incluidos los inmigrantes llegados de otros países», aseguró. Con una imagen del Gernika de Picasso sobre su cabeza añadió después que «la opción de la violencia no cabe en Cataluña». «Propuse al Estado español que pactáramos que nunca habría violencia, y no he obtenido respuesta. Pero en la Europa del siglo XXI es imposible pensar en un escenario de guerra», dijo, en respuesta a la pregunta de si cabría un enfrentamiento así «entre España y Cataluña». Albrecht le preguntó en dos ocasiones por la posibilidad de un conflicto armado con muertos. Si él se sentería culpable de llegar a eso. El expresident le respondió: «¿De qué país estamos hablando? Claro que no. Hemos dado muestras de nuestro pacifismo», respondió, refiriéndose a Cataluña.

Durante la velada se escucharon fragmentos de la historia de una familia en la guerra de los Balcanes; una conversación entre serbios y croatas. «No hay un problema étnico en Cataluña. El 70% de los catalanes tenemos parientes de fuera de Cataluña. En mi propia familia los hay. La nuestra es una diferencia política e ideológica con el Estado español, no de etnias», afirmó. Pero «usted dice que Cataluña recibe menos de lo que le corresponde desde el punto de vista fiscal. Es lo mismo que aseguran en el Véneto [una de las regiones ricas del norte de Italia]: ¿no sería eso un peligro?», inquirió el entrevistador. La reacción de Puigdemont fue contundente. «Las regiones ricas deben ayudar a las pobres. Nuestro conflicto es con el Estado español, no con los españoles. Pero el esfuerzo fiscal tiene que ser respetuoso y eso nunca ha ocurrido en Cataluña».

Como la charla abordó varias veces el capítulo de la violencia —aunque sin mencionar el intento de asalto al Parlament de Cataluña de este pasado lunes por parte de radicales independentistas— Puigdemont dijo que «la mejor cara de Europa es la del independentismo catalán». «Es al contrario, Europa debería premiarnos por no optar por la vía de los Balcanes», añadió el expresident.



Fuente: El país

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