Puigdemont se rodea de fieles para conmemorar el día que propició su caída

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La mañana del 1 de octubre de 2017, Carles Puigdemont se desplazó hasta la localidad gerundense de Cornellà de Terri para votar en el referéndum ilegal que había convocado casi cuatro meses antes. Tenía pensado hacerlo 10 kilómetros más al sur, en Sant Julià de Ramis, pero la Guardia Civil se hizo con el control del punto de votación y retiró las urnas. Un año después, a la misma hora en que introdujo la papeleta 365 días antes, el expresidente de la Generalitat charlaba pausadamente en el espacioso jardín de una casa situada en el municipio de Waterloo, a más de 1.200 kilómetros del colegio electoral, en Bélgica, el país al que escapó hace 11 meses.

Lejos de los disturbios y marchas en Cataluña, el líder independentista ha vivido el aniversario de la consulta fallida en un ambiente distendido. Un pequeño baño de masas acompañado de fuet y otros productos catalanes en la autodenominada Casa de la República. Allí le han arropado miembros de un grupo de sardana, artistas afines que le han obsequiado con varias pinturas y esculturas conmemorativas del 1-O, su inseparable amigo el empresario Josep María Matamala, y dos de sus exconsejeros, Lluís Puig y Toni Comín, que como él, se fugaron ante el riesgo de entrar en prisión.

La atmósfera amable de casa de campo, fotografías con el expresident, abrazos y besos, ha tornado en gravedad llegado el momento de las palabras. Ahí el tiempo y la distancia no parecen haber sosegado el discurso de Puigdemont, más firme que nunca en sus posturas. Indemne de la mordedura de la conciencia ante las señales de fractura social derivadas del 1-O. «Ha pasado un año y podemos mirarnos a los ojos. Podremos explicar a nuestros hijos y nietos lo que hicimos. Los que nos pegaron no podrán», ha asegurado antes de que los asistentes entonaran Els Segadors, himno de Cataluña.

Puigdemont escucha la explicación sobre una de las obras que le han regalado, en Waterloo (Bélgica).
Puigdemont escucha la explicación sobre una de las obras que le han regalado, en Waterloo (Bélgica).

Previamente, Puigdemont utilizó las redes sociales para lanzar una declaración institucional grabada de casi siete minutos en la que llamaba a seguir la senda iniciada hace un año. «Sabíamos que aquel día lo cambiaría todo y así ha sido. Sabíamos que no solo íbamos a votar, sino a comenzar una nueva era con nuevas condiciones y que aquel camino era irrenunciable e irreversible». La solemnidad de su discurso ha ido acompañada de una escenografía cargada de simbolismo. Lo ha publicado a las nueve de la mañana, la hora en que se abrieron los colegios electorales aquella jornada, y compareció ante la cámara junto a una pintura donde se ve a un manifestante rodeado de policías, y al lado de una urna como las empleadas para la votación.

En paralelo al acto convocado por el expresident, la delegada de la Generalitat en Bruselas, Meritxell Serret, también huida de la justicia española, ha inaugurado una exposición con fotografías de las cargas policiales del 1-O. Pocos días después de que Puigdemont reconociera que la UE no ha apoyado la causa catalana, Serret ha señalado que todas las personas con las que se ha reunido le han trasladado su esperanza en que haya una salida negociada al conflicto, aunque ha eludido mencionar sus nombres.

«Desgaste para España y Cataluña»

Centrada en los intentos de Emmanuel Macron para amortiguar la caída de su popularidad y en la muerte de Charles Aznavour, la prensa francesa dedicaba este lunes poco espacio al aniversario de la consulta del 1 de octubre. La excepción era Le Figaro, que ha realizado un amplio despliegue. El 1-O es el principal tema de portada y ha  merecido también un editorial en primera. “El episodio mostró un desajuste chocante entre la gravedad del tema y la falta de preparación de los líderes independentistas”, escribe el editorialista, Arnaud de la Grange, en alusión al desenlace del drama, con políticos en prisión o en el extranjero.

En un primer balance de daños, el texto señala que «el asunto se salda con un desgaste de imagen para España y para Cataluña». En las páginas interiores, el diario conservador destaca en el título que los independentistas catalanes «están sin brújula», y en un reportaje en Waterloo (Bélgica), residencia del expresidente Carles Puigdemont, el coautor del nuevo libro de Puigdemont declara que este “es prisionero de [la] huida hacia adelante del independentismo».

Le Monde recuerda la efeméride con un reportaje en la prisión de Lledoners y una entrevista con Raül Romeva, exconsejero de Exteriores. “La prisión podía formar parte de nuestra lucha, y lo sabíamos”, dice Romeva, informa Marc Bassets desde París.



Fuente: El país

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